Una mañana le abre la puerta a una tarde y al viento su nombre suena embriagado, mustio. Amo y señor, ostenta el placer de cambiar cada cuatro años. Y desde el calendario invita a soñar. A bailar descalzos a los enamorados, poco a poco una contagiosa pasión.
Febrero intenta ponerme en marcha, con la suave pereza del final del verano. Horizonte ilimitado, maravillosa inmensidad de sembradíos dorados. Aromas que se impregnan, en la piel y bajo la sombra de un tilo, premiando al alma, con la soltura de aquellos días; en los que las nubes se esconden templando el aire y con vuelo inocente deja una puerta abierta para el retorno.
Y en el silencio de las esquinas de una ciudad adormecida, los diablos saltan encendidos desterrando el carnaval, con psicodélicos colores. Turba encendida, reina de la noche, la comparsa llora un popurrí de voces. Combinación de alegrías y quejas apostando a la ilusión.Alenka











